Equipo Básico: Como siempre mi Pentax Optio 50L.
Trípode: A pulso como un campeón.
Descripción detallada del proceso: No, no es ésta la calle de mis recuerdos, aquella por la que cuando era niño y junto con mis primos de Cáceres, de noche, a la luz de un farol y bajo una fina lluvia jugábamos al fútbol en pantalón corto sobre un suelo de adoquines puntiagudos. Cuándo terminábamos los partidos, generalmente con victoria, volvíamos a la casa cómo poco empapados hasta las cejas y era entonces cuándo nuestras madres revisaban los desperfectos de cada cual, es decir las nuevas heridas que curar en las rodillas y los desconchones de las costras en las antiguas. Ellas, las madres, mascullando entre dientes y nosotros apretando los mismos para disimular el dolor. Es que las madres de antes eran así, nos dejaban jugar en la calle; déjalos que corran le decía la mia a mi abuela, corriendo no se tiene frio. Y era verdad. Después de las curas ó antes, nos secaban las cabezas, nos peinaban con la raya del pelo al lado izquierdo, nos cambiaban la ropa por otra más decente y nos sentábamos en un sofá que daba a una enorme mesa camilla que guardaba en su interior un brasero que como corresponde estaba lleno de brasas, y ahí entre el fuego y los apretujones de unos contra otros entrábamos en calor. No, no ésta la calle de mis recuerdos pero se le parece aunque solo sea por la cuesta y su estrechez, si bien ésta es el doble de ancha. Bueno aquello eran callejones en el casco antiguo de Cáceres y la casa de mi abuela, una casa baja.






