
Hace dos inviernos Lucas se metió en un lago helado que yo estaba intentando romper a pedrada limpia sin ningún éxito, cuando de pronto a mi derecha el inconsciente dió un paso de más mirándo los patos y resbaló hacia el interior, el hielo no resistió sus 40 kilos, así que acabó enterito en el agua. Reaccioné con la prontitud que sólo el miedo te da en situaciones extremas y lo agarre y ayudé a salir, la casualidad quiso que ese dia estrenara abrigo y una vez fuera del agua se la sacudió como suele hacer cada vez que se le baña poniéndome hecho una pena. Ya se imaginan la escena.
La otra mañana después de jugar al fútbol y corretear para desfogarse fuimos caminando a paso normal por los puentes de nuestro proyecto de parque, ¿qué es lo que mira tan fijamente? pues ya se lo digo yo...allí hay conejos. Todavía no ha encontrado la manera de saltar al otro lado porque hay una diferencia de altura considerable, rocas puntiaguadas y ya se ha dado cuenta que no cabe entre los palos, por fortuna parece que ha descartado saltarlos por arriba pero siempre se queda mirándo por si acaso.

















